Comentario al evangelio. Domingo 2º Pascua, ciclo C

Para que creyendo tengáis vida

¿Ver para creer?

      Sí, es verdad las palabras de Tomás son duras: “si no lo veo… no lo creo”. La primera pregunta que cabría formularse es ¿por qué Tomás, uno de los doce, tiene esta reacción ante el anuncio de sus compañeros de que han visto al Señor? ¿Dónde queda esa fe que cree en lo que no ve, que cree en lo que se espera, esa fe que confía en las promesas de Dios? Podría resultar que en este examen suspendiéramos a Tomás en materia de fe. Sería en este caso una lectura superficial de esta escena, ya que no somos quién para juzgar la conducta de Tomás ni la de nadie. Baste decir que Tomás era un hombre, como nosotros, con sus luces y sus dudas.

Perseverar aún en la dificultad

      iConviene recordar que, al final, Tomás acabará haciendo una de las confesiones de fe más bonitas de todo el Nuevo Testamento: “Señor mío y Dios mío” [es de la pocas ocasiones en las que a Jesús se le llama  directamente Dios]. Una vez delante de Jesús, a Tomás no le ha hecho falta meter su mano en las heridas del cuerpo de Cristo. Ha vacilado, sí, pero ahora cree con toda su alma y todo su corazón. Él, a pesar de que no había visto a Jesús la primera vez, se siguió reuniendo con los discípulos. Esto es una forma de perseverar en el camino de la fe, aún sin tenerlo todo claro. En la segunda aparición de Jesús, esta vez sí estaba presente Tomás. Pudo ver al Señor porque perseveró. Así acabó creyendo.

Prestemos atención también a Jesús

      La duda de Tomás no puede agotar la riqueza de este evangelio. Retrocedamos un poco y fijémonos en las palabras del Señor la primera vez que se hace presente en la casa. Su presencia disipa el miedo de los discípulos que se va a convertir en alegría. El Resucitado no sólo les deseará la paz, sino que los mandará a la misión y les dará autoridad para perdonar y retener los pecados. Entendemos que sin la fuerza del Resucitado no se puede ir a la misión, es él quien envió a los suyos y el mismo Señor nos envía hoy a nosotros. La alegría pascual será un elemento necesario para ir a la misión.

Creer para vivir

        Esta visita de Jesús resucitado a los suyos es definida por el evangelista san Juan como un “signo”. Los signos de Jesús tienen como finalidad despertar, fortalecer y hacer crecer la fe de los suyos. Jesús se aparece a los suyos no para reprocharles su cobardía o sus dudas de fe, sino para animarles e infundirles coraje y esperanza. Las últimas líneas de este evangelio son un añadido del redactor que dan el verdadero sentido a toda la escena y a todo el evangelio. Este relato, como todos los contenidos en las Escrituras, fue escrito para que nosotros creamos y para que creyendo tengamos vida en nombre de Jesús. Por eso, para el creyente la fe es la fuente de la vida verdadera. ¿Quién nos puede ofrecer o prometer algo parecido?.

Rubén Ruiz Silleras

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