Comentario evangélico. Lecturas Domingo 1 A Adviento.

Domingo I de adviento, ciclo A. 1 de diciembre de 2013. Mateo 24, 37-44.

El Adviento de cada día.

         El evangelio de este domingo forma parte del llamado “discurso escatológico” de Mateo (Mt 24-25), donde encontramos enseñanzas de Jesús en relación a las cuestiones del último día y el juicio final.  Después de este discurso Mateo inicia el relato de los acontecimientos de la Pasión y la Resurrección del Señor (Mt 26-28). 

         Centrémonos en nuestro texto.  Las palabras de Jesús que hoy escuchamos son una respuesta a una inquietud de sus discípulos que encontramos al inicio del capítulo: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del fin del mundo” (24,1).  En su respuesta Jesús nombra a Noé, figura bíblica de especial relevancia, de quien nos dice la Escritura que: “fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios” (Gn 6,9).  En los tiempos de Noé los hombres se habían olvidado de Dios. Así lo dice el Génesis: “..la maldad del hombre cundía en la tierra y todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal continuo” (Gn 6,5).  La experiencia del diluvio (recordamos su valor fundamentalmente teológico y no tanto histórico) purificó a la humanidad. Y porque resultó que Noé fue un hombre justo que supo esperar, acoger y recibir su Palabra, Dios decidió dar una oportunidad nueva a la humanidad. Los otros ejemplos que pone Jesús en el texto (los hombres en el campo, las mujeres moliendo, el dueño de la casa) no pretenden infundir miedo o incertidumbre por cuál será la suerte de los que son “arrebatados” (uno de los hombres que están en el campo y una de las mujeres). Pretenden ilustrar, más bien, la necesidad de estar siempre vigilantes. Así si la pregunta de los discípulos es: ¿cuándo Señor? ¿cuándo pasaran todas estas cosas?,  la respuesta de Jesús en nuestro texto es clara. No es tan importante el día cuanto la actitud: “estad preparados, estad en vela”. Porque el día puede ser cualquiera.  Pero, esta vela y esta vigilancia tienen que tener un sentido.  No hay que estar en vela sin más.  Quien está en vela o en vigilancia es porque espera algo o a alguien.

            Nuestro texto nos dice claramente que quien ha de venir y a quien hemos de esperar es al Hijo del hombre (lo repite 3 veces el texto), es decir, a nuestro Señor.  “A la hora que menos penséis viene el hijo del Hombre”.  No, no es una amenaza. Porque quien ama no amenaza. Y no hay duda de que Dios nos ama (¡y apasionadamente! 1 Jn 3,1). Estas palabras son un aviso, de parte de Dios, lleno de cariño, para que no nos pase como a aquellos primeros hombres de la humanidad que dieron la espalda a Dios y truncaron el sentido de su vida.  Cristo vendrá en Navidad, por eso hoy iniciamos el Adviento, el tiempo de la vigilancia y de la espera.  Pero Cristo quiere venir también cada día hasta nuestra vida.  Por eso, extremar la vigilancia en nuestras vidas lo hacemos –lo debemos hacer- para mejor acogerle y recibirle. Para ofrecerle un corazón más limpio en el Adviento de cada día. 

Rubén Ruiz Silleras.

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