Comentario al evangelio. Domingo 26º Ordinario, ciclo C.

1.- LA RIQUEZA ENVILECE EL ALMA.

     El término de comparación por parte del Señor no es de un rico que se permite el lujo de comer chuletas cada día y el pobre sólo come lentejas.  Se trata de un rico que derrocha… “banquetea”, come espléndidamente todos los días, bebe los mejores vinos y se viste de lino y púrpura. Acentúa las diferencias hasta provocar escándalo. Esto se ve más claro desde que sabemos que la costumbre era la de limpiar el primer plato con migas de pan y después echarlo a los perros. ¡Ni esto le daba!… ¿No pasa eso mismo ahora? Hay muchos miles de personas que se alimentan de lo que recogen en los basureros…


2.- LA RIQUEZA ENDURECE EL CORAZÓN. 

     El dinero endurece el corazón. “Engarza en oro las alas del pájaro y ya nunca podrá volar al cielo”.  Tenemos entendimiento y voluntad para poder volar, pero el dinero nos rompe las alas. Ya no hablamos de solidaridad, igualdad, fraternidad… Sólo nos interesa lo que está a ras de tierra, el vuelo horizontal… La parábola del rico Epulón y Lázaro es, ante todo, el relato estremecedor de la “insensibilidad” del que más tiene ante el sufrimiento del más desgraciado. Esto, sin duda alguna, es lo primero que salta a la vista cuando se lee esta “historia ejemplar” (F. Bovon). En el Juicio Final, el Señor nos dirá: “Tuve hambre y no me disteis  de comer, tuve sed y no me disteis  de beber, estaba desnudo y no me vestisteis, en la cárcel y no me visitasteis…Y nosotros, asombrados, le diremos:: ¿Cuándo te vimos hambriento,  sediento, desnudo, encarcelado?… Y el Señor nos dirá: Ése ha sido vuestro problema: “que no me habéis visto” (Mt. 25,37-40).


3.- LA RIQUEZA OFUSCA LA MENTE. 

      La persona normal es aquella que sabe que vivir es convivir, que nos necesitamos, que no somos pantallas sino puentes entre unos y otros. Y aquí en la parábola se dice que entre ricos y pobres se ha levantado una fosa tan honda que ya unos no pueden pasar donde están los otros.
     a) A nivel individual estamos viendo cómo es frecuente oir quejarse a las personas mayores en las Residencias: No vienen a verme mis paisanos, mis vecinos; y a veces, ni siquiera mis hijos ni mis nietos a darme un beso. Se les cortan a los ancianos los puentes afectivos y sólo desean morirse. No mueren de hambre, ni de frío, ni de estar mal atendidos en la Residencia. Se mueren de asco, es decir, de soledad.
     b) Pero los puentes también se cortan entre unas naciones y otras. Los países del primer mundo ya no se relacionan con los del tercer mundo. Los del Norte no se relacionan con el Sur…. Por eso mientras unos, los ricos, son cada vez más ricos, los otros, los pobres, son cada vez más pobres. Esto no entra en el plan de Dios que quiere que los bienes de este mundo estén bien repartidos y lleguen a todos.

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