Un cauce de comunicación (27-7-2014)

 

UN CAUCE DE COMUNICACIÓN            

     Queridos hermanos en el Señor:  

     Os deseo gracia y paz.

      Durante la época estival hay una pausa en la difusión de este precioso instrumento de comunicación diocesana e interdiocesana.  Cada una de las páginas de la publicación semanal está llena de retazos de nuestra historia, de nuestra vida común. Cada párrafo y cada línea contienen levadura de vida.      

      En primer lugar, damos gracias a Dios que nos ha concedido el don de la vida, el regalo de la fe y nos ha encomendado la tarea de ser sus testigos en medio de este mundo.      

       También es justo que expresemos nuestro agradecimiento a todas las personas que han intervenido en la confección material de la publicación. Gracias por su servicio semanal, por su diligencia, por su creatividad. Gracias por el esfuerzo, no siempre fácil, de coordinación, de colaboración.      

      Gracias a los lectores por la paciente asimilación del contenido. En silencio han ido asimilando lo que brotaba del silencio y de la palabra, lo que fluía de la vida.      

      Gracias a tantas personas anónimas que han protagonizado todas y cada una de las noticias, de las informaciones, del torrente de comunicación que hemos compartido.      

       Gracias a quienes ha distribuido los ejemplares, porque lo han hecho con una generosidad digna de elogio y una responsabilidad admirable.      

       Hay mucha vida dentro de estas páginas. Por ello, hay muchos motivos para manifestar una sincera gratitud.       Se ha escrito con tinta y sobre el papel lo que ha sido protagonizado por el Espíritu en el corazón de muchas personas.      

       Sabemos que el auténtico descanso solo es posible encontrarlo en el Señor y recibirlo de Él. Jesucristo nos sigue diciendo cada día: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,28-29).      

       Descansar en el Señor significa acercarnos más a Él, escuchar con mayor interés y frecuencia su palabra, recibir con gratitud el manantial de gracia que nos llega a través de los sacramentos, reconocerle en el pobre y necesitado.  Y también vivir con otro ritmo y en otras coordenadas de espacio y tiempo.      

       Seguramente no es necesario ir muy lejos para reconocer que el Señor está muy dentro de nosotros y nos enseña a pensar como Él, sentir como Él, actuar como Él, hablar como Él, mirar a las personas como Él las mira, asumir los acontecimientos con su estilo de vida e incorporarnos con gozo creciente y responsable a su Iglesia.       “Incorporarnos” quiere decir experimentar que formamos parte de un Cuerpo, participar, como piedras vivas, en la construcción de la comunidad eclesial y adorar al Señor en Espíritu y en verdad.      

       Esperamos y deseamos vivir estas semanas como un regalo que el Señor nos concede para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, como Iglesia en salida, con actitud de evangelizadores con Espíritu.      

       A todos, ¡muchas gracias!      

       Para todos: ¡feliz descanso!

      Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell, obispo de Jaca y de Huesca.

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