Comentario evangélico. Domingo 5 Pascua, ciclo A.

Domingo V de Pascua, ciclo A.  18 de mayo de 2014. Juan 14,1-12.

El Padre.


      Quedan pocas dudas de cuál es la clave de este evangelio después de haber oído 12 veces la palabra: “Padre”. Sí, el Padre de Jesús, el Padre Dios, nuestro Padre.  La palabra griega patér (padre) aparece en el Nuevo Testamento 250 veces haciendo referencia a Dios. Jesús mismo habla de Dios llamándole Padre 3 veces en Marcos, 4 en Lucas, 31 en Mateo y 100 veces en el evangelio de Juan.  Así queda meridianamente claro que el evangelista Juan es el que más ampliamente ha recogido y descrito la relación entre Jesús y Dios Padre. Buen ejemplo de ello es el evangelio de hoy
      En la lectura canónica del evangelio de Juan estas palabras de Jesús son pronunciadas a la salida del cenáculo, después de que Jesús haya anunciado la traición de Judas y antes de llegar al huerto de los Olivos. Son momentos de zozobra y de confusión para los discípulos. No sabían bien lo que estaba pasando. Desde ahí entendemos la primera frase del evangelio de hoy: “Que no tiemble vuestro corazón”. Jesús quiere poner paz y serenidad en el corazón de los suyos.  Con la mente turbada y el corazón agitado es más difícil escuchar la voz de Dios.  Por eso Jesús quiere que estén en paz y que serenos escuchen su mensaje: Él se va, pero volverá a por todos y cada uno de los suyos.  La intriga de este diálogo primero es el sitio al que se va a ir Jesús. Los suyos, que no acaban de entender, no quieren perder de su lado a su Señor y por eso necesitan saber a dónde se va y cuál es el camino para llegar a ese sitio.  Imaginar esta escena y ver a Tomás preguntado a Jesús por el camino para llegar a ese sitio misterioso, puede despertar en nosotros un sentimiento más de ternura hacia los apóstoles que de reproche.  Sí, querían ir con Jesús a ese sitio porque le querían.
      Ese sitio misterioso al que va Jesús lo va a desvelar de inmediato: al Padre, Jesús regresa junto Dios su Padre. Y para llegar a ese sitio solo hay un camino: el mismo Jesús.  Podría parecer un trabalenguas, pero el evangelista Juan de este modo nos habla de la especial intimidad que une a Jesús y a Dios Padre: “Nadie va al Padre sino por mí”.  Es Jesús el medio de acceso al Padre.
      Pero este lenguaje no es fácil para los apóstoles. Jesús les dice que ellos ya han visto al Padre.  Pero ellos no entienden: ¿cuándo lo hemos visto? Como buenos judíos recordarían que nadie podía ver a Dios y quedar con vida. Por eso Felipe pide ahora a Jesús que les muestre a Dios. Y entonces es cuando Jesús habla más claro: quién le ha visto a Él ya ha visto al Padre.  Pues hay una estrecha unión entre Jesús y su Padre: las obras y las palabras de Jesús son las obras y las palabras de Dios Padre. 
      Es pues Jesús nuestro camino para llegar a Dios Padre.  Solo Él. No hay atajos posibles, ni otros caminos válidos. Por eso el que quiera recibir un día el abrazo y la Vida que solo Dios Padre nos puede dar debe conocer a Jesucristo.   Por cierto, en las cosas de Dios conocer significa amar.
     

Rubén Ruiz Silleras.

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