Una declaración de principios (27-4-2014)

UNA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

      Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

      La Declaración de la Renta puede convertirse en una declaración de principios. Los principios son como los cimientos de los edificios, los fundamentos de las personas y las bases de la sociedad. Vivimos siendo constantemente interpelados, y a menudo confundidos, por la multiplicidad de informaciones y por el contraste de ideas y de interpretaciones que se nos proponen. Es necesario conocer, valorar, proclamar y defender unos principios que nos otorguen estabilidad y orientación. A través de un sencillo y solidario gesto se puede expresar una declaración de valores permanentes.       

       Marcar la “X” en la Declaración de la Renta no cuesta nada, no nos obliga a pagar más, tampoco significa que se nos devuelva menos. El sostenimiento económico de la Iglesia nos corresponde a todos.       La Iglesia es un instrumento de promoción de la justicia y del bien común. Lo hace a través de actividades litúrgicas y pastorales, actividades educativas y culturales, actividades caritativas y misioneras. La Iglesia trabaja generosamente en el afán conjunto de construir un mundo más justo, más fraterno, más solidario.      

        La Declaración de la Renta puede llegar a ser una declaración de amor, de solidaridad y de fe.       

         1) Una declaración de amor. El Papa Francisco dice en la Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”: “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (nº 195). La opción por los pobres es una forma especial de primacía en el ejercicio del amor cristiano. El pobre, cuando es amado, es estimado como de alto valor. Conocemos el poder del odio, de la violencia, de la enemistad, del rencor, de la injusticia. Conocemos el desagarro que producen las carencias afectivas y las desilusiones sentimentales. Por ello, es imprescindible que la Iglesia siga anunciando que el amor es posible.      

         2) Una declaración de solidaridad. En el corazón de la Iglesia late una opción por la caridad que contribuye a atenuar los dramáticos efectos sociales de la crisis económica. El servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciable de su propia esencia. De la naturaleza misionera de la Iglesia brota la solidaridad efectiva con el prójimo, la cercanía que comprende, asiste y promueve. Uno de los principales desafíos que vive el mundo actual es el de la solidaridad: solidaridad entre las generaciones, entre las familias, entre los pueblos, entre las naciones, entre los continentes, para una distribución cada vez más equitativa de las riquezas del planeta entre los hombres.       

         3) Una declaración de fe. La Iglesia ofrece a todos el anuncio de la fe y su experiencia en humanidad. Necesitamos crecer como personas gracias a la fe. El Evangelio sigue siendo necesario para construir la sociedad. La fe va unida a la caridad. Es “la fe que actúa por el amor” (Gal 5,6). Benedicto XVI escribió: “cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Deus caritas est, 16).

         Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell, obispo de Jaca y de Huesca

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