Saludo a las Cofradías 2012.

      “HABIENDO AMADO A LOS SUYOS QUE ESTABAN EN EL MUNDO,
      LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO” (Jn 13,1)

      La profesión de fe, la vivencia de los sacramentos, el obrar cristiano -que requiere una atención peculiar a la caridad y al compromiso por la justicia- y la oración son los rasgos fundamentales que se expresan en nuestras iglesias, en nuestras calles, en los recorridos procesionales y en todas las actividades religiosas y culturales durante la Semana Santa.
      La religiosidad popular de las personas sencillas sabe conjugar la belleza y el arte. La riqueza de la piedad popular, expresión del sentir profundo y maduro de los creyentes, nos anima a colaborar para apreciar la renovada vitalidad de sus expresiones.
 La promoción de la vida litúrgica y la revitalización de la religiosidad popular no son incompatibles. La participación en los sacramentos, como celebración agradecida del misterio del amor de Dios, y la expresión plástica y peregrinante de las imágenes y procesiones son elementos complementarios.
      El beato Juan Pablo II escribió en la Carta Apostólica “Vicesimus Quintus Annus” (de 1988): “la piedad popular no puede ser ni ignorada ni tratada con indiferencia o desprecio, porque es rica en valores, y ya de por sí expresa la actitud religiosa ante Dios; pero tiene necesidad de ser continuamente evangelizada, para que la fe que expresa, llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico” (nº 18). 
 El “Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia” de la “Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos” afirma: “La piedad popular, considerada justamente como un "verdadero tesoro del pueblo de Dios", "manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y los pobres pueden conocer; vuelve capaces de generosidad y de sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentimiento vivo de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante; genera actitudes interiores, raramente observadas en otros lugares, en el mismo grado: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desprendimiento, apertura a los demás, devoción"” (nº 9).
      Los gestos, los textos y las fórmulas, la música, las imágenes, los lugares y los tiempos se integran. La unión armónica del mensaje cristiano con la cultura de nuestro pueblo nos permite valorar correctamente las profundas riquezas de la piedad popular, las potencialidades que encierra, la fuerza de vida cristiana que puede suscitar.
      En las procesiones apreciaremos su triple valor: 1) teológico, como signo de la condición peregrinante, testimonial y misionera de la Iglesia; 2) litúrgico, pues el camino recorrido es el itinerario de la comunidad que vive en el mundo hacia la comunidad que habita en el cielo; 3) antropológico, como camino recorrido juntos.
      El espíritu de fraternidad, la vivencia del respeto recíproco, el ánimo de colaboración, la firme voluntad de coordinación de esfuerzos, y el impulso del trabajo conjunto harán de nuestra Semana Santa la mejor para todos, por su entusiasmo y vitalidad, y la mejor con todos por su participación, armonía y devoción. Este es mi humilde deseo. 
      Envío mi bendición a todos los responsables y participantes.
          

  
      + Julián Ruiz Martorell
      Obispo de Jaca
     

     

 

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