Comentario a las lecturas. Domingo 1º Adviento, ciclo A.

1.- Adviento es tiempo de despertar.  

      El adviento nos urge a tomar en serio la vida, la urgencia de caminar, de no quedarse dormido, de no atender a lo que no tiene valor. Un día “el sol, la luna y las estrellas temblarán”. Es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar, para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, de tener, de seguridad, deben desaparecer para siempre. Es curioso que el evangelio de hoy nos hable de Noé y del diluvio. Hubo un diluvio en donde muere una humanidad gastada, pecadora y con Noé surge una humanidad nueva, la salvada del diluvio. Jesús es ese Nuevo Noé que quiere destruir un viejo mundo de egoísmos, pasiones, avaricias, envidias… y quiere construir un Nuevo Mundo.  En el siglo IV un famoso profesor de literatura que llevaba una vida muy libertina, quería cambiar, convertirse, pero le daba miedo. Podían más en él “sus viejas amigas” es decir, sus pasiones. Un día estando en el jardín oyó una voz de un niño que le mostraba la Biblia y le decía: Toma y lee. Y leyó el texto de la carta a los romanos que nosotros también hemos proclamado en la segunda lectura: “Basta ya de comilonas y borracheras; basta ya de lujuria y desenfreno, revestíos de nuestro Señor Jesucristo”. Entró en su alma una luz que le inundó y desaparecieron las tinieblas. Se hizo cristiano, después sacerdote y llegó a ser Obispo. Fue San Agustín, obispo de Hipona.


2.- Adviento es tiempo de soñar. 

      Los profetas son tipos geniales. Son poetas, artistas, soñadores. Saben levantar al pueblo cuando éste está hundido. ¿Qué sueñan los profetas? Sigamos a Isaías en la primera lectura de este domingo:“De las espadas se forjarán arados y de las lanzas podaderas”. Frase que está inscrita en la ONU.  Y esto quiere decir que los instrumentos de guerra se transformarán en instrumentos de paz. Esto significa que los soldados no se entrenarán ya para un servicio militar sino para un servicio social. Qué hermoso espectáculo el ver a soldados acudir a ayudar en una catástrofe llevando víveres en vez de fusiles y medicinas en vez de bombas. Un mundo de paz. Esto es lo que sueñan los profetas con la venida de Jesús.
         Todavía los sueños de los profetas son más ambiciosos: “Hacia el monte de Jerusalén confluirán pueblos numerosos” El espectáculo es impresionante: el poeta se imagina ríos de gentes subiendo hacia arriba, hacia Jerusalén. Y sabemos que los ríos van hacia abajo. Se imagina gente que lucha contra corriente siguiendo el modelo de las bienaventuranzas: no por la cuesta abajo de la riqueza y el despilfarro sino por la cuesta arriba de la austeridad; gente que no baja por la corriente del río despeñado del placer inmediato y a cualquier precio, sino que sube por la cuesta del amor sacrificado y puesta a prueba. Gente que no se engancha al carro fácil de los triunfadores sino al carro de los pobres, de los débiles, de los marginados, en definitiva, al carro de los perdedores. Y esto lo viven sin traumas, sin sobresaltos, sin violencia sino con un amor lleno de esperanza. ¡Qué bonitos sueños! Todos esos sueños pueden cumplirse con Jesús, el Mesías que esperamos.


3.- Adviento es tiempo de vigilar. Nos lo dice el evangelio:¡Estad preparados!

       Velar, vigilar, es escuchar el latido de la vida, trabajar, día a día, para que la obra que Jesús comenzó llegue a su cumplimiento. Darle a conocer con nuestra vida, estando atentos a los anhelos de paz, de justicia, de solidaridad. Sabiendo siempre que en la alegría, en el dolor, en todas las circunstancias y en todos los acontecimientos, Jesús está con nosotros. La Palabra de Jesús, lejos de provocar miedo o angustia, es fuente de confianza, paz y alegría interior. Es anuncio de su presencia y de su salvación. El Dios que viene es el que esperamos, el que anhelamos, en quien confiamos, el que sale a nuestro encuentro, el que nos busca, nos comprende, nos libera, nos acoge, nos cura, nos quiere, nos llena de vida, de alegría, de luz y de paz.
Cuidar la vida.
       Tu vida es demasiado preciosa para malgastarla. Vive en la solidaridad, en la justicia, y alivia el dolor del mundo, en lo que puedas. Te sentirás feliz y realizado. Los que te conozcan te bendecirán. Si eres cristiano, ahí tienes a Jesús de Nazaret, como modelo de plenitud humana, comprometido con el hombre hasta la muerte. Lo importante para Jesús es la vida digna y dichosa de las personas. Por eso si nuestro “cristianismo” no sirve para hacer vivir y crecer, estamos defraudando a Jesús que siempre tiene sueños fantásticos sobre cada uno de nosotros. ¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo?

Iglesia en Aragón

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