Comentario evangélico. Domingo 5 B Ordinario.

   NO GUARDARSE NADA
          Nada para Él. Contemplando pausadamente el evangelio de este domingo se tiene la impresión de que Jesús no guarda para sí mismo ni un solo minuto.  Analizando detalladamente el texto encontramos que en unas pocas líneas del texto evangélico, 18 verbos tienen como sujeto a Jesús, un pequeño detalle gramatical que apunta a una realidad más profunda: la vida de Jesús es una vida vivida para los demás.
Es cierto que hay una escena en la que Jesús aparece solo, rezando.  Escena que, magistralmente, el evangelista ha colocado en el centro de este pasaje, pues ella no solo sirve como unión de dos escenas distintas sino que es la clave de todo el relato.  Jesús tampoco en la oración se guarda nada para sí. A ella va para escuchar a su Padre, para dar gracias y para pedir por todos los hombres.  La oración de Jesús, -y la nuestra así debería serlo- nunca es un acto egoísta.  La oración es el alma de la actividad de Jesús, en ella se fundamenta su predicación y su signos poderosos. 
Sorprende en este lugar las palabras que  dirige Pedro a Jesús: “Todos te andan buscando”. Jesús no busca que le aplaudan, no busca hacer curaciones sin más, no es un mago con poderes extraordinarios.  Las curaciones sólo son una expresión de la fuerza y del amor inagotable de Dios para con la humanidad. Por eso, primero hay que predicar, primero hay que anunciar a Dios.  La respuesta de Jesús a Pedro es clara: he venido para predicar. Vámonos a otro lugar.  La conciencia tan clara que tiene Jesús de su propia misión es ejemplar.
          Regresemos ahora a la escena primera de este evangelio: la curación de la suegra de Pedro. En la primera línea el evangelista, como de pasada, nos dice quién está con Jesús en este momento: sus primeros cuatros discípulos. Detalle que es muy importante porque ellos acaban de matricularse en la escuela del discipulado: todo lo que hace y dice Jesús va especialmente destinado a ellos.  La secuencia de verbos que describe la actuación de Jesús con esta mujer es, de nuevo, admirable: se acercó – la tomó – y la levantó.  Estos verbos deberíamos conjugarlos con mucha frecuencia: acercarnos al otro, hacernos próximos. Tomar sus preocupaciones sobre nosotros. Ayudar a levantar a los caídos, colaborar para que muchos recobren su dignidad…  El evangelio dice que la suegra de Pedro, una vez curada, se puso a servirlos.  Seguro que nadie se lo pidió: el amor engendra amor.  Se sintió querida y su respuesta fue una forma de devolver el amor recibido de Jesús.
 Ir, predicar, acercarse, tomar, levantar, orar, testimoniar, sanar, orar, salir, predicar,…   Ciertamente, Jesús no se guardó nada para Él.   El que quiera andar tras sus huellas sabe que con Él no hay lugar para el reposo, porque hay mucho bien todavía por hacer.  Algunos pensarán que es una locura olvidarte de ti mismo y dar tu vida en beneficio de los demás.
          Sí, es verdad, es una de las locuras más hermosas de esta vida.

Rubén Ruiz Silleras.

 

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