Comentario Evangélico. Domingo 5 B Cuaresma.

Domingo V de Cuaresma,  25 de marzo de 2012.  Juan 12,20-33 .  Ciclo B.

DAR LA VIDA, PARA DAR VIDA
Nos encontramos en Jerusalén, Jesús acaba de llegar a la ciudad santa que se prepara para celebrar la fiesta de la Pascua.  Con esa ocasión la ciudad está llena de judíos venidos de todo el país. También Jerusalén, como ciudad cosmopolita, acoge a extranjeros de otras nacionalidades.  Algunos de ellos se acercaron a Felipe, uno de los discípulos del Señor y le pidieron que los condujera hasta Jesús. Felipe, junto con Andrés, así lo hará, llevara a estos hombres hasta el Señor.
 Pero la segunda parte de este evangelio la constituye unas palabras de Jesús sin aparente conexión con esta primera escena.  De alguna forma el evangelista nos está diciendo que lo importante es lo que viene ahora, las propias palabras de Jesús.  Estos hombres querían ver a Jesús y el evangelista nos presenta cómo está Jesús ahora.  En este momento tan crucial de su vida.  Jesús empieza hablando de que “ha llegado la hora”.  Esta expresión es muy típica del cuarto evangelio, con ella se está haciendo referencia a la ofrenda de Jesús en la Cruz, a su muerte.   Esto es lo verdaderamente importante, estos extranjeros tienen delante de sí a Jesús que está dispuesto a entregar su vida en la cruz.  Va a dar su vida para dar vida.  Va a subir libremente al leño de la Cruz para con su muerte engendrar la vida de la humanidad ya reconciliada.  Va a morir, como el grano de trigo.  Olvidándose de sí mismo.  Aceptando la muerte como un servicio.  Jesús es servidor del plan misterioso de Dios.  Jesús no rechaza la muerte porque sabe que ésta es el signo que sellará la definitiva alianza de Dios con los hombres.
El evangelista Juan nos ha transmitido los sentimientos de Jesús ante un momento tan difícil de su vida.  Jesús está “agitado”.  Pero se fía de Dios.  Sabe que Él ha venido para una misión y debe cumplirla hasta el final.  Jesús sabe que Dios no puede querer para Él,  (ni para nadie), nada malo.  Este acto de fe de Jesús en la bondad de Dios (que nos puede servir como ejemplo para nuestra propia) vendrá ratificado por estas palabras que pronuncia Dios mismo: “lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.  De nuevo nos encontramos con un lenguaje propio del evangelista Juan.  Ésta expresión y la que aparece al final de este evangelio “cuando yo sea elevado sobre la tierra”, ambas, están haciendo referencia a la resurrección de Jesús.    Ante la ofrenda libre y ejemplar que Jesús ha hecho de su vida en la Cruz Dios responde resucitándole y constituyéndole en el signo de la nueva y eterna alianza.  Por eso dice Jesús que cuando “sea elevado…, atraeré a todos hacia mí”.  En Él, en Jesús, todos tenemos acceso directo a Dios. 
Lo más preciado que Jesús tenía, su vida, la ha entregado.  Sí, es verdad,  todos sabemos perfectamente que no hay mayor gesto de amor en este mundo, que dar la propia vida para que otros tengan vida.  
Gracias Señor, ojalá aprendamos de tu ejemplo.

Rubén Ruiz Silleras.

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